Espiritu de consumoEstamos en las vísperas de la navidad. Contrariamente a los europeos (que comenzaron su compras navideñas en octubre y on line), los argentinos dejamos todo para último momento y es algo que nos gusta hacer en forma analógica. Será por la adrenalina de llegar con la lengua afuera, será porque amamos codearnos con cuerpos de carne y hueso, será porque somos hijos del rigor, será porque corremos de un lado para el otro todo el año tratando de hacer rendir el sueldo (aunque en el gobierno afirmen que no hay inflación).

En materia de consumo

Ya es tradición navideña que los shopping extiendan su horario de atención (generalmente de 10 AM a 10 PM)  del 23  hasta las 3 de la mañana del 24 de diciembre. Tal es el caso del Alto Palermo.

Ayer con mi marido pasamos por allí para tomar un café en Di Caprio, mientras hacíamos tiempo para ir a ver “La brújula dorada” (no es la gran cosa, la verdad). Estaba lleno de gente que iba y venía, y al parecer a la madrugada estuvo peor.

En el restaurante escuchábamos a una pareja de extranjeros que estaba sentada al lado: ella sonaba mexicana, él no hablaba nada. Ella se quejaba de la Argentina (para variar), pero al parecer estaba viviendo y trabajando acá. Yo me pregunto: ¿por qué ese espíritu masoquista? ¿por qué ocupar un lugar del que renegás? “si tanto te molesta nena, volvete a tu país”. Y me digo a mí misma: ” jajaja ya te parecés a tu tía Clementina”.

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